• Laura Aguiar

Las mujeres necesitan (más que nunca) estar respaldadas por toda la sociedad

Actualizado: feb 10




El otro día una periodista criticaba en su programa de radio a las mujeres que usaban el celular para entretener a los niños. “¿Para qué tienen hijos si no los van a cuidar como corresponde?”, decía. Sin embargo, si lo pensamos, nos forman durante más de 20 años para trabajar y servir a nuestra sociedad con un enfoque productivo - económico, pero nadie nos prepara ni para la maternidad ni para la paternidad.


En este artículo cuestiono algunas tradiciones culturales con respecto a la crianza que te servirán para entender que no todo recae sobre las espaldas de las mujeres.


¿Quién educa a las mujeres?


El problema es mucho más complejo y va mucho más allá de dar un celular o no, como señaló la periodista. Abarca todo un ecosistema. La buena o mala crianza no es responsabilidad exclusiva de las mujeres. ¿Alguna vez, antes de juzgar a una madre nos preguntamos quién le ayuda con el cuidado? ¿Está sola en todo esto (madre soltera o pareja ausente)? ¿Tiene más cargas familiares (padres incapacitados)? ¿Estará trabajando, además de cuidando? ¿Está cansada?


Es muy fácil quedarse en la superficie y decir “¡No traigan más hijos!”, pero lo correcto sería que –como sociedad– nos planteáramos:


1. ¿Quién educa a las mujeres y a los hombres en desarrollo infantil?


2. ¿Quién les da a las cuidadoras la oportunidad para su desarrollo personal y profesional?


3. ¿Quién se preocupa de la salud mental las cuidadoras, especialmente cuando la carga es demasiado pesada?


4. ¿Cómo se equilibra su vida? Por ejemplo horas de descanso, de sueño, horas de trabajo profesional, etc.


Breve repaso a los parámetros educativos a lo largo de la historia


Philip Aries explica en un libro del año 1960 que en la edad medieval los niños actuaban y eran tratados como pequeñas versiones de adultos. A los niños no se los asociaba con juegos, canciones o con la exploración libre. Eran más bien introducidos al mundo adulto a una edad muy temprana y solía ser a través de la explotación sexual y laboral.


Florencia López (BID, 2019) explica que durante la mayor parte de la historia de la humanidad la tasa de mortalidad infantil ha sido muy elevada (solo 7 de cada 10 niños superaban los 3 años), quizá es por ello que fueran tratados con indiferencia emocional durante su primera etapa de vida.


Así, el estatus de “niño” en su forma de entenderla actualmente, surgió alrededor del año 1600 cuando empezaron a aumentar los índices de supervivencia. Los padres a partir de entonces empezaron a tratar a los niños con más atención y afecto. Esto se puede corroborar al revisar textos históricos.


Con la era de la industrialización (fines del siglo XIX) se intensificó nuevamente la explotación infantil de muchos niños. Así pues, la vida de muchos de ellos estaba dominada por la pobreza y la enfermedad.


Ya en el siglo XX el bienestar infantil mereció atención y surgió un debate en torno al hecho de que el bienestar de los más pequeños no solo es responsabilidad familiar, sino también del Estado (educación y salud pública). De ese modo se mejoraba el bienestar nacional a través del desarrollo de los futuros ciudadanos.


En 1924 vio la luz la Declaración sobre los Derechos del Niño (Ginebra), que fue el primer texto histórico que reconoce sus derechos. Todavía no era un documento vinculante, es decir, muchos Estados no se sujetaban a las obligaciones marcadas por esta declaración.


En 1946 se creó el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas y en 1956 fue aprobada por la Asamblea de las Naciones Unidas la Declaración de los Derechos del Niño. Desde entonces la infancia se convirtió en una cuestión esencial de cooperación internacional y los niños comenzaron a ser vistos como titulares de derechos.


En 1989, 140 estados suscribieron la Convención sobre los Derechos del Niño y es la base sobre las que descansa en la actualidad muchas políticas sociales para la infancia.

Hoy ya nadie puede desconocer que los niños son sujetos de derecho y que merecen cuidados de calidad.


¿Y qué hay sobre la crianza?


Como padres, ¿cuántas veces escuchamos este tipo de teorías?:


- Desde el nacimiento se debe colocar al bebé solo en la cuna. Solo podrá estar en brazos para tomar el pecho y cuando sea su hora, sino déjelo llorar.


- Deje llorar al niño, cuando se dé cuenta de que nadie le presta atención se callará. Incluso si vomita, no le pasará nada, “los niños saben provocarse el vómito con mucha facilidad” (Estivill, 1995).


- No lo alces tanto que se acostumbra, el llanto desarrolla los pulmones.


Tampoco podemos olvidar a los partidarios de las bofetadas, premios y castigos.


En el lado opuesto… el método Montessori, la crianza respetuosa o natural, la disciplina positiva y unas cuántas más.


Sobre la crianza respetuosa se puede leer más en el libro del pediatra español Carlos González donde invita a tratar a los niños con cariño y respeto, tomarlos mucho en brazos; dormir con ellos; darles pecho a demanda y cuanto mayor tiempo sea posible; atender el llanto -tratar (por lo menos) de entender la causa y buscar una forma de reconfortar al bebé- e interpretar las lágrimas como una manera de comunicarse ya que no lo puede hacer con palabras.


Conclusión


Gracias a los avances de la ciencia hay evidencias sobre la importancia del apego hacia nuestros niños. Sin embargo, en la era de la información –un momento histórico que se caracteriza por la libre circulación de información en Internet (verdadera y falsa) que cualquiera puede difundir–, parece que cada vez es más difícil discernir cuál es la verdadera buena/mala crianza y hay más confusión al respecto.


Desde mi posición como mujer, madre, paraguaya y abogada especializada en planificación patrimonial y sucesoria, aprovecho mi blog para poder difundir lo que creo que a nivel de leyes es importante que sepan las cuidadoras paraguayas.


Lo que dice la Ley:


Es necesario mencionar que la figura jurídica que obliga a los padres a criar, alimentar, educar y orientar a sus hijos menores de edad es la patria potestad, que está regulada en el Código de la Niñez y Adolescencia. Pero esta ley no habla de un método específico de crianza.


De lo que poco de sabe es que en Paraguay contamos con una ley que promueve la “crianza positiva”, e insta a las instituciones del Estado a “elaborar e implementar programas de acciones educativas, de orientación, pautas de crianza positiva y promoción del buen trato, dirigidas a padres y otros adultos responsables de la crianza, educación, cuidado, o protección de los niños, niñas y adolescentes, teniendo en cuenta condiciones particularmente vulnerables como la socioeconómica, la edad, género, identidad, discapacidad, etnia, cultura, entre otras”.


Esta ley fomenta un método de crianza denominada positiva y hace evidente que necesitamos difundir, educar y re-educar a toda la sociedad. Además, al determinar un estilo de crianza debería ayudar a evitar las confusiones que los cuidadores tienen a día de hoy. Hacé clic aquí para conocer mejor esta ley.


Recapitulando….


Entonces, volviendo al motivo que originó este artículo… Es fácil juzgar a las mujeres, que además de ocuparse de sus hijos dejan (en algunos casos) su carrera profesional o la reducen para ofrecer el tiempo y la estructura necesaria que nadie les da. Es necesario analizar su entorno.


¿Hay ayudas del Estado? ¿Tiene la suficiencia económica para sobrevivir y además cuidar de otros? ¿Tiene el apoyo de su tribu o está sola en todo esto? Éstas son solo algunas de las preguntas que nos deberíamos hacer antes de juzgar.


Además, no hay ninguna madre o cuidadora que lo sepa todo, ¿acaso nos enseñan en el colegio sobre las teorías modernas de crianza para los niños? En realidad no, pero por suerte hoy en Paraguay tenemos buenas noticias gracias al Programa de Desarrollo Infantil Temprano. Afortunadamente, las mujeres y los hombres en Paraguay van a tener un lugar de referencia donde informarse para mejorar sus modelos de crianza. Hacé clic aquí para informarte más sobre el programa.


Así pues mi reflexión hoy en Paraguay es: dejemos de juzgar a las madres y pongámonos en marcha en la tarea de educar respetuosamente y cuidar también a las cuidadoras, para que así las personas a su cargo reciban cuidados de calidad. Es una reacción en cadena.

Compartamos la sabiduría y las experiencias que tenemos con las demás mujeres que están empezando a ser madres. Dejemos de lado el criticar y sugerir que no tengan más hijos.


¿De verdad creen que sugerir que no tengan más hijos es una solución al problema de fondo?


Te invito a estar informada sobre las leyes que te amparan como madre y como mujer siguiéndome en Instagram o Facebook.


FUENTES CONSULTADAS PARA ESTE ARTÍCULO:

Florencia López Boo, en La niñez a través de la historia. Políticas efectivas de desarrollo infantil. BID - EDX, 2019.

Bésame mucho. Carlos González. Editorial Planeta. Barcelona 2014.

Leyes citadas en el artículo.



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